Comienza una era en el Real Madrid. El proyecto del nuevo presidente, Florentino Pérez, emana ilusión entre la parroquia madridista. Empiezan a sentarse las bases de esta segunda etapa como máximo dirigente del mejor club del siglo XX. Suenan nombres en la lejanía, demasiados para ser cierto, de jugadores que podrían vestir la camiseta blanca, y de calidad más que notable. Cristianos, Kakás y Silvas (estrellas mundiales de sueldos mundiales), a los que hay que unir mozos de la casa, canteranos con el escudo en el corazón y los bolsillos vacíos. Un proyecto muy parecido a aquel otro plan que dividió a la España futbolística allá por 2005. Muchos eran los críticos de la filosofía de “Zidanes y Pavones” que ahora babean ante la presencia de Florentino. Sin embargo, el presidente ha parecido comprender los errores del fracaso anterior y pretende no repetirlos. De momento va de camino, puesto que a la máxima de los Zidanes se ha unido la españolización, y esto parece tener pocos detractores. No se sabe si porque son españoles o porque son los mejores. Quizá porque conjugan ambas cosas.
Entre rumores y especulaciones un nuevo entrenador ha sido presentado para el banquillo merengue, el chileno Pellegrini. Viene avalado por la mano de Jorge Valdano, su máximo valedor, y por un trabajo soberbio en el humilde y europeizado Villareal. Una labor que no ha pasado desapercibida en la casa blanca y que se espera que optime y perfeccione en un conjunto, que teóricamente, traerá los mejores jugadores del mundo. Con una plantilla como la que se pretende lograr, hacer jugar bien a un equipo no debería ser complicado. La verdadera tarea del mister discurrirá sobre el trabajo en el vestuario, donde tendrá que lidiar con cabreos, prepotencia y presión por conseguir algún título.
Parece el entrenador adecuado. Es un entrenador inteligente, serio y con carácter. Además no se arruga ante nadie, ni Riquelmes ni Cristianos. Eso parece de veras apropiado, ya que dirigirá un vestuario en plena remodelación. Con el chileno en el banquillo comenzará el fin de futbolistas como Raúl, y su capacidad de liderazgo y motivación será imprescindible para que las olas no rompan los diques, y esos jugadores cooperen en beneficio del equipo, a pesar de que pierdan protagonismo en la cancha. Al fin y al cabo, menor presencia en el terreno de juego y mayor peso en el vestuario.
Además de Pellegrini sonaron otros posibles inquilinos como el francés Wenger o el polémico Maurinho. Entre las tres, la opción parece la correcta. El actual dirigente de los gunners es el “dueño y señor” del Arsenal. En Londres nadie le tose, vive con aparente tranquilidad y domina todos los aspectos que al club se refieren: desde la cantera hasta la construcción del nuevo estadio. Su aclimatación a la presión madridista, y la falta de libertad en decisiones deportivas acabarían por desesperar al francés. La posibilidad del portugués nunca pareció demasiado seria. A pesar de sus triunfos deportivos en diferentes escenarios, el juego del equipo se alejaría del patrón del tiki-taka para mostrar una evolución del capellismo (mejor versionada, pero evolución). Y eso no se admitiría de nuevo. Al fin y al cabo otros aires recorren el Bernabéu. Aires de ilusión y esperanza.
DAVID GUTIÉRREZ EGUIZÁBAL