Un aroma especial recorre Valencia. Olor de ensueño, esencia de esperanza y fragancia de historia. Perfume de fútbol. Ha llegado el día en el que dos de los equipos históricos de nuestro país se enfrenten por alzar en el palco de Mestalla el título de campeón de La Copa del Rey. Medirán sus fuerzas sobre el césped valencianista atesorando entre ambos un total de 47 Copas (23 bilbaínas y 24 culés) y 67 finales disputadas (34 el Athletic y 33 el Barcelona). Son los Reyes de Copa.
Es un partido especial para ambos conjuntos. En Bilbao, el silencio evoca los fantasmas de los sonidos vírgenes y muertos de hace 25 años. Sonidos de ayer que con solemne eco festejaban su última Copa del Rey. Demasiado tiempo sin títulos en un club de historia viva con pasado glorioso. Precisamente, aquel último suspiro de grandeza que llevó a la gabarra por la ría de Bilbao, ese título que muchos de nosotros no hemos vivido (pero que nos han contado), se consiguió en una final inolvidable ante el Barcelona. Ese cariz eterno que envuelve aquel partido, no viene dado por un encuentro espléndido, ni una sucesión de goles increíbles, ni si quiera por un espectáculo digno. Todo lo contrario. Si recordamos aquel choque o batalla, es porque precisamente fue una batalla. Puñetazos, patadas, golpes y porrazos volaron en el Santiago Bernabéu al finalizar el partido. Un circo lamentable de los que ensucian el fútbol.
Ahora corren otros tiempos. El Barcelona, en su comprensible afán por escribir un nuevo párrafo en la historia del fútbol español, precisa de este título para alzarse con la triple corona. Los culés quieren tocar la gloria con las manos, palparla y sentirla. Saber cuánto pesa. No consideran, esta vez, a la copa como un trofeo menor. Ni mucho menos. Necesitan de ella para asentar su leyenda en la cima del balompié. Son considerados los favoritos, por méritos propios, sin embargo no cuentan con todo a su favor. El calendario es su principal oponente: los partidos comienzan a hacer mella en el estado de los jugadores, por lo que el Athletic deberá aprovecharlo para plantear un encuentro físico y alejar a los blaugrana del tacto del esférico. Pretenden convertir el cuero en piedra. Además el Barça cuenta con bajas importantes como la del lateral izquierdo Abidal, el superclase Iniesta y el francés Henry. Por si fuera poco, en portería se perfila Pinto como titular , quizá como una recompensa del mister a su buen quehacer en la competición de copa. Si se equivoca, Guardiola la puede pintar. Y bien gorda.

A pesar de todo, el Barça domina en las apuestas. Pero no hay que menospreciar la casta de los Leones. Los de Caparrós viven para la copa y desean saborear la carne fresca de un “plato europeo”. El Athletic es experto en el juego directo y en las segundas jugadas. Se cimientan en un bloque compacto y seguro, que a modo de emboscada, puede derruir los pilares de Guardiola . No obstante, en los partidos importantes, los cachorros de San Mamés saltan al terreno de juego con demasiada bravura, como si la falta de experiencia y el exceso de hambre mermase sus condiciones. Choque, fortaleza, juego directo y agresividad son las armas de este equipo joven y soñador. Pero su fuerte es la afición. Una ciudad ilusionada puede ser una carga para cualquier conjunto, pero no para este Athletic de raza pura. Bilbao se ha echado a la calle en busca de su presa. Es casi obligado alcanzar este trofeo para saldar una deuda con las generaciones más jóvenes de este viejo club.
Unos quieren tocar el título, otros saborear el trofeo, pero todos quieren ver ganar a su equipo. Ambicionan vivir una noche mágica de esas en las que se graba el partido o se guarda la entrada. Una de esas noches en la que la celebración terminará con la salida del sol y el corazón de tu club tatuado en el pecho. Una de esas noches que no puedes creer hasta pasados unos días. Pero verlo es creerlo, y creer es poder. Por eso, pocos se lo van a perder.
DAVID GUTIÉRREZ