Todavía resuenan en la lejanía los ecos de la victoria del Barça. Como si se tratase de la celebración de liga, Barcelona se echó a la calle para acompañar a los virtuales campeones. En otras circunstancias tildaríamos a los culés de precipitados. Sin embargo estos 7 puntos son un colchón más que suficiente para asegurar el campeonato liguero. O deberían serlo si el club catalán continúa con la rutina ganadora, de equipo ambicioso y elegante que ha caracterizado a los de Guardiola en la temporada regular. Y de eso, parece que no hay duda. 
El Barcelona lo pasó mal en otros tiempos; sin ir más lejos, los dos últimos años, que parecían estar destinados a la consolidación de un proyecto campeón con Ronaldinho a la cabeza. Se acabó por demostrar que en un gallinero debe decidir un gallo, y no dos, ni tres. Rijkaard perdió el poder, y con él se desvanecieron las esperanzas blaugranas. Todo parecía perdido: el prestigio, la chispa, el juego y el orgullo. Y más cuando un Madrid carente de plantilla y juego alcanza la segunda liga consecutiva.
Fue entonces cuando apareció Guardiola, como un mesías venido del cielo. Aquel pupilo predilecto del estilo de Cruyff, cuyas señas de identidad caracterizan un juego de ensueño. Con el tiempo se ha confirmado que era el guía espiritual preciso para trasladar a los barcelonistas una filosofía única: la de la Masía. Como en una religión [pues tiene ángeles (Xavi, Iniesta, Puyol…), santos (Alves, Bojan…) e incluso demonios (Figo, Ronaldinho, Louis van Gaal…)], Guardiola, el líder Guardiola, continúa evangelizando a la comunidad futbolística (mañana tocan los protestantes de Londres). El alumno ha llegado a ser maestro. ¡Y qué maestro! Domina la esencia culé y el sistema defensivo italiano. El resultado es sencillo, un traje hecho a medida.
La elección de Pep como inquilino del banquillo catalán no era una apuesta sencilla, ni mucho menos; algunos la juzgaban demasiado arriesgada. Los merengues se frotaban las manos. Guardiola venía de ascender al filial del Barcelona a 2ª B, con buen juego, con el estilo de la casa y convenciendo. Pero ni 3ª división tenía el nivel suficiente para sondear al mister, ni el Mini Estadi la exigencia del campo más grande de España. A toro pasado se ha demostrado que el catalán estaba maduro y debía tomar la alternativa.
Las cosas están saliendo bien; no ha cortado ninguna oreja (todavía), pero va camino de salir por la puerta grande: la liga en un bolsillo, la copa a punto de caramelo, y la Champions a falta de dos partidos (presumiblemente superables). Batiendo todos los registros y con una contundencia divina, que recuerda a aquella selección que encandiló al mundo en la Eurocopa. Mucha diversión, y mucho mérito. Y más cuando el equipo titular apenas ha variado desde la campaña pasada. Pocos cambios sí, pero los precisos; Se fueron, entre otros Ronaldinho y Deco (ovejas negras); y llegaron, para apuntalar la maltrecha estructura, Piqué y Alves (caballos ganadores). El equipo, prácticamente el mismo. El entrenador, aunque semejante, diametralmente distinto. ¡Vaya torero!
Y mientras tanto el Madrid convoca elecciones. Suenan cornetas divinas que parecen anunciar a Florentino. Como diría aquel, un ser superior. Habrá que esperar para ver lo que sucede en la casa blanca. Los merengues llevan demasiado tiempo parcheando una rueda que es necesario cambiar. Y para ello hay que llamar al mecánico. Uno como Guardiola no les vendría nada mal.
DAVID GUTIÉRREZ
Gran artículo. Totalmente de acuerdo con tu opinión, aunque cierto es que hablar del Barça ahora es muy fácil ya que es un maquina perfecta. Espero que tu próximo artículo destripe un poco la situacion del equipo blanco. saludos