No quiero alzar las campanas al vuelo, no sería lo apropiado porque ya se sabe que cuanto más presumes, mayor es la caída. Sin embargo parece que la selección española de fútbol no ha tocado techo. Continúa ganando, de una forma u otra, a todos sus rivales (ya van 10 victorias consecutivas, y 30 partidos sin perder). Ayer le tocó el turno a Turquía, una selección fuerte fisicamente, con jugadores a tener en cuenta y que durante buena parte del encuentro supo enfrentarse a los actuales campeones de Europa.

(imagen de As)
Turquía, con una presión inteligente, supo desactivar por momentos el gran juego que caracteriza a los españoles. Xavi, escondido más que otros días, trasladó la batuta del partido a su compañero Alonso (que demostró su poderío y clase en la que al año que viene, y según se rumorea, puede ser su casa). Quizá España echó en falta la clase del gran Iniesta, sin embargo cuenta con jugadores de calidad suficiente para neutralizar esa baja.
España sufría. No tanto por el acoso rival, sino porque veía cómo su juego de anteriores partidos no se mostraba en su máximo explendor. Pero hay que saber ganar incluso cuando no se juega del todo bien. La inercia ganadora que impulsa al grupo de Del Bosque, hizo que en una falta tocada por Xavi, y tras un “remate” fallido del todoterreno Ramos, quedase el balón en bandeja para que Piqué hiciese único gol del partido.
Quién le iba a decir al culé que marcaría en su debut oficial con la selección, que daría la victoria al conjunto nacional, que encarrilaría con ese tanto el camino hacia el mundial, y que todo eso sucedería en el Bernabeu.
España continúa ganando, con mejor o peor juego, pero ganando. Ilusionando y demostrando una candidatura firme y real para alzarse con el preciado trofeo del Mundial de Sudáfrica.
Si es que tenemos el mejor equipo del mundo y ahora somos campeones
si todo sigue igual tendremos opciones en el mundial. ¿no?
Un saldo
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